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Nuestro material genético codifica la información para la síntesis de las proteínas que constituyen y regulan nuestro cuerpo, y además contiene las instrucciones sobre qué órgano las sintetizan y cuándo. Uno de los mayores desafíos científicos es descifrar cómo a partir de una sola célula, el ovulo fecundado, se pueden originar tantas y diferentes células y en qué momento sucede. En la información del ADN no solo están los planos de la casa, sino los de fabricación de los materiales de construcción. Todo se regula solo.

El gen, la unidad de herencia molecular, contiene la información necesaria para sintetizar ARN o proteínas y se calcula que los humanos tenemos alrededor de 20.000-25.000 genes. Muchas de las alteraciones que suceden durante el desarrollo embrionario son incompatibles con la vida, pero la alteración de un solo gen puede producir las llamadas enfermedades monogénicas, de las que hay al menos 6.000 descritas (por ejemplo, la hemofilia A).

La aprobación por la Unión Europea en 2012 del primer tratamiento genético, el alipogén tiparvovec (Glybera®), indicado para la deficiencia de la lipoproteinlipasa (Ylä-Herttuala, 2012), ha abierto una ventana a la esperanza y muchas posibilidades en este campo.

¿Qué podemos esperar? Las enfermedades monogénicas —como hemos visto— son las que ofrecen más probabilidades de beneficiarse de futuros tratamientos. El gen dañado se puede reparar al menos de dos maneras: introduciendo el DNA reparado con el objeto de que llegue a la célula diana o, lo que parece un poco menos complicado, hacerlo a través de un virus, que no sea patógeno y tenga cierta afinidad por las células que sintetizarían la proteína que hay que corregir. Una de las dificultades es elegir un virus que llegue allí donde queremos y, además, consiga producir la proteína. Otro factor a tener en cuenta es que, dependiendo de las células que elijamos —en el caso de Glybera, las células musculares—, podría regularse la cantidad de proteína producida que, luego, tendría que llegar al lugar donde debe realizar su función. Quedando todavía por resolver: ¿durante cuánto tiempo ha de producirse? y ¿cada cuánto tiempo hay que repetirlo?

¿Cuántas células necesitamos que produzcan la proteína corregida? Parece que correcciones del 3-7% serían suficientes (Turitz, 2015). ¿Cuántos miles de copias virales necesitamos para corregir estas células? En este momento, éste es uno de los mayores retos: el producir cantidades suficientes de virus que puedan “reparar” las células de todos los enfermos.

¿Qué otras posibilidades tenemos? Extraer las células dañadas de un individuo, corregirlas en el laboratorio y volvérselas a inyectar. Esto sería una práctica mucho más individualizada, pero mucho más costosa y, también, limitada al lapso de tiempo que las células reparadas viviesen.

En resumen, la terapia génica ya es una realidad, abre numerosas posibilidades, pero tendremos que esperar un tiempo para conseguir que se incorporen a los tratamientos habituales.

Referencias.-

Turitz, D. Nature Medicina Volume 21 , 2 121-131, 2015.
Ylá-Herttuala, S. Molecular Therapy 21 10 1831-1832, 2012.

Dr. Juan Alvarez Bravo
Noviembre 2015